sábado, 13 de agosto de 2011

La procesión va por dentro


o la liturgia de las presentaciones.

Lassitude (1896), Lautrec. La femme à huis clos.


[...] Me igneas de cerca: no te había planeado
tortuoso de nariz, cobre de tez
ni tajante de mentón. De mi sed,
que responda tu incendio encanallado.

Dispensemos lo consuetudinado:
—«Encantada de» poderte distraer.
—Tú te ríes y yo «tengo el placer».
—«Te presento a» las horas que he pasado
pensándote antes*.
                                                     *Traigo la tarea
hecha de casa, como ves.
                    
Estrechar
manos es una broma de mal gusto
cuando las estrecheces escasean 
y el tacto acata lo protocolar. [...]
(He aquí lo que subyace a un «hola» etrusco.)

paulasánchez

miércoles, 10 de agosto de 2011

What goes around, comes around (except you).

To the girl in March wind with pure wonderment of thigh, calve and knee, 
C. Bukowski

Dícese de la congoja que es una [baja el tono, que te escucha] pluralidad de vejaciones precoces: tempranea que da gusto mientras se santiguan, escandalizadas, las emociones viudas a su paso. Dícese de ella que, como buena mujer, es volátil y es impía, porque acongoja lo mismo que consterna y que desuela, pero sin cuartel. 

Cuentan las malas lenguas que sus rasgos grotescos le escamaron todo atisbo de clemencia, de ahí que abata las nucas, atormente los ojos y amarre las comisuras de los labios. Y a continuación, murmullan [pero tú de esto no cuentes nada] que es vanidosa, porque se resiente cuando Paula tiene que resumirse en frases hechas para demostrar que merece la pena. Dícese de ella que es dueña y señora, pero de las que cobran.

Se anda rumoreando que es virulenta, porque todo lo carcome –y ojalá solo carcomiese porque entonces sería solo física– y que es dictatorial, porque usurpa a Paula íntegramente –el nudo en la garganta, en el estómago, en el denuedo– cuando esta teme su futuro dentro de españa, pero de aquella que perdió su derecho a la mayúscula. 

Aventuran los más versados que es ceniza, porque incinera los ímpetus de idearte como versos de Blas de Otero [Me pego a ti, me tiendo en tu regazo / como un náufrago atroz que gime y nada, / trago trozos de mar y agua rosada: / senos las olas son, suave el bandazo], pero sin la elegancia.

Sin embargo, y por encima de todo, dícese de la congoja que es cobarde:
apenas sí mira cuando Paula no se atreve a estanterizar  la guía de París que lleva mes y medio reposando intacta en la mesilla [pero de soslayo, como si la cosa no fuese con ella].


paulasánchez

martes, 5 de julio de 2011

A rush of blood to the head.


Estaba yo comiéndome un huevo cocido sentada en un banco de la calle Emilio Muñoz, cuando vino a hablarme. Tendría treinta años, un cuerpo nada compacto, poco apetecibles los labios, los ojos de un color que no era marrón. Se sentó de golpe, con furia, y tecleó un número como quien llama a la ambulancia. Yo seguía pasmada mirando a los traseúntes, con el huevo cocido a medias y restos de miga de yema entre los dedos. Estaba yo pensando en mis asuntos de aviones y continentes, del qué dirán y del qué diremos; estaba yo agonizando por el hecho de que el día cinco me iba a cambiar la vida, no se sabe bien hacia qué dirección. Resultó que nadie le respondió al teléfono y entonces se giró y me dijo ''oye''. Me dí un poco de susto y casi se me cae el huevo pero me dieron tanta pena sus ojos que no eran marrones, su tronco que no era bonito, su boca dañada, que tuve que contestar. ''Dime'', le dije, como si nos conociéramos o quizás como si nos diéramos igual. ''Me ha gritado que no me quiere. A la cara me lo ha gritado y luego me ha dicho que no le malinterprete, que también le gusto. Tiene problemas, problemas del alma si es que eso existe, y me tiene cosida el alma a mí a cicatrices, como quien hace punto de cruz'', me soltó. Se me ocurrió ofrecerle mi manzana, pues yo, en el fondo, no me la iba a comer porque no me gusta nada, pero a la gente le gustan las manzanas, la gente es así. Me negó educadamente con la cabeza y siguió hablando. ''Nosotros nos queremos y nos odiamos a partes iguales, solo que yo siempre he querido más y él nunca ha odiado correctamente. Somos como dos desequilibrados tirándose mutuamente del brazo, intentando hacerse caer al vacío. Así dicho suena triste, suena mal, pero luego también tiene su lado bueno''. ''¿Cuál?'' le pregunté yo, después de tragar un mordisco de huevo. No veía ningún lado bueno en su historia. ''A veces, cuando se ríe, es como si la felicidad fuera mía, como si la compartiera conmigo desde la esquina inacabada de su sonrisa. A veces, si nos tocamos, el huracán lleva nuestro nombre. Eso es inusual, es valioso. A veces noto que realmente me asimila, que me siente. Sí, eso es.'', explicó. Antes de poder yo decir nada, volvió a marcar en el móvil y respiró profundo. Se le erizó el vello de la nuca cuando sonó una voz -la voz de aquel hombre que no sabía quererla y que la estaba rompiendo-, se levantó rápidamente y se puso a caminar calle arriba sin mirarme más.

Estaba yo terminando mi huevo cocido sentada en un banco de la calle Emilio Muñoz, pensando en mis asuntos de aviones y continentes, del qué dirán y del qué haremos; estaba yo agradeciendo el hecho de saber que tú no eres un veneno suave en mi vida, que no me obstruyes, que no me descalabras. Estaba yo agonizando porque se me iba a desviar la vida en un par de semanas. Estaba segura, sin embargo, de que mi historia sí que tenía lados buenos y pocas manzanas. 


Paula Sanz.

miércoles, 29 de junio de 2011

The inconvenient art of thinking.

Elliott Erwitt

''Sadly, sadly, the sun rose; it rose upon no sadder sight than the man of good abilities and good emotions, incapable of their directed exercise, incapable of his own help and his own happiness, sensible of the blight on him, and resigning himself to let it eat him away.''
[A Tale of Two Cities]



You make me sad

and I am good.
But I must relinquish being the tough skin,
the marble tower of incomparable things.

You make me sad

but I still write.
And I lull myself into a false state of assurance,
a dripping, coarse despair of a judgment.

You make me sad

and I can't find atonement.
But as my reciprocity loudens
it also suffers the bleak fever of the hesitant.

You make me sad

and I can't realign my bones,
the unfortunate infection of the caress.


You make me sad
but there's something tantalizing in that.



Paula Sanz.

domingo, 26 de junio de 2011

Crossing the Rubicon.


-Strigara de Sogliano al Rubicone es donde nace el río Rubicón, al nordeste de Italia. Cuando Julio César aún tenía laureles y no puñaladas, decidió cruzar el río prohibido para conquistar la Galia y dijo ''Alea iacta est'': ''la suerte está echada''. -

Dice Hemingway que para no tener miedo de la muerte hay que hacer el amor de forma valiente y honesta y para eso tienes que deshojarme muchas noches en el clítoris aunque luego echarte de menos vaya a tejer matices cada vez más negros. Me importa poco ser vulgar y no ser una señorita recatada porque desde que el vómito me trepa la tráquea y los hombres me tiran claveles que yo quemo, ya nada me detiene. Curiosamente, cuando dan las 02:19 de la madrugada empieza la canción que dice since I find you will no longer love, y yo la cambio porque es mentira aunque la costumbre de no despertar con el rumor de mi pulmón sobre tu cama sea una malísima rutina. Las personas se quedan en sus casas, pintando cuadros o bebiendo ginebra o viendo porno y nadie dice nada, así que más vale que nadie diga nada sobre el animal herido yacente en estas líneas. Decir que nadie mejor que tú le ha dado definición a mi gloria suena a circo o a novela rosa de la última estantería pero tengo mis miembros amputados y el deseo extirpado y tu nombre me crece como un acontecimiento, como un hecho susceptible de ser recopilado por historiadores y otros vagabundos. Me gustaría darte un beso en los párpados antes de intentar dormir y que al despertarme me lleves a dar un paseo como hacíamos antes, o podemos pintar cuadros, beber ginebra y ver porno. Dice la creencia popular que ''cruzar el Rubicón'' significa lanzarse a una gesta de dudosas consecuencias, me dicen que tú no vas a pasarme, me dicen que todo esto es dinamita o una flor reseca junto a mis libros que aún cuido como si fuera hija de mi propia voluntad.

Me dicen tantas cosas,
pero yo no les escucho
porque tú me has prometido que cuando atraviese el río me vas a sacar a bailar, antes de que tu vehemencia y mi violencia sacudan la Galia entera y levanten a Julio César de su descanso en paz.



Paula Sanz.

lunes, 20 de junio de 2011

Orthodoxy (and the chagrins dwelling within).


I. Iconoclasta.
1. adj. Se dice del hereje del siglo VIII que negaba el culto debido a las sagradas imágenes, las destruía y perseguía a quienes las veneraban.
2. adj. Se dice de quien niega y rechaza la merecida autoridad de maestros, normas y modelos.
                   
Me pasan cosas francamente raras con tu imagen últimamente. Raras de cojones. Me pasa que me ceden el paso, que oigo hablar alemán, que percibo cúmulos de rasgos coincidentes en desconocidos, que miro (cuando se trataba de ti, contemplaba) en derredor en sitios concurridos, que reconozco la sonrisa lisonjeada, la que comienza en una sonrisa amplia y franca y se va cerniendo lenta(y consciente)mente, en los labios de otras que van acompañadas, que vuelvo a donde siempre, y estallas*.


II. Intención.
Determinación de la voluntad en orden a un fin.

Me pasa que me obligo a firmar tratados en los que establezco que no pensaré una jodida vez más en dieces de mayo y que, para compensar, me dedicaré a conseguir que otros parezcan felices. Me pasa que cada tratado es un apéndice de nuestras declaraciones de intenciones, esas que nunca se declaran, que adolecen de orden y de fin. Me pasa que me propongo no contemplar a tener ganas de nadie y que, cuando me quiero descuidar, atisbo una mandíbula cuadrada y estallas*.


III. Íntegro.
1. adj. Que no carece de ninguna de sus partes.
2. adj. Dicho de una persona: Recta, proba, intachable.

Me pasa que me rozan la rodilla, que me indican que avance apoyando el dorso de una mano al final de mi espalda, que paralelan mi cadera sobresaliente, que me tratan despacio y con tiento, que me contemplan y que percibo en las ganas ajenas las que, manda cojones, las que a mí solo me despiertas tú y basta que otro me aliente para que yo sienta lástima por él y por mí; yo siento lástima y tú estallas*.
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*Metátesis de *astellar, hacerse astillas. 


paulasánchez

viernes, 17 de junio de 2011

Yo y el imbécil.


No te estoy sobreviviendo ni salgo a bailar para pillar sábana. [Piensa que me estarán corriendo el pintalabios a lengüetazos.] Tolero tu individualismo, tu impune manera de amar en alto solo lo que te rodea. [Ni se entera.] No me preocupo demasiado por desterrar tu existencia. [Tampoco se entera.] Todavía defiendo el orgullo miserable de pasear de la mano. [No emplea su tiempo en imaginar mis manos.] No comprendo por qué tú no echas de menos, por qué fecundas y reproduces la felicidad tan confiado. [¿Qué?] A veces, un caballero me pide fuego y te vienes a mis tripas como una bofetada hirviendo. [Si te pide fuego, dále fuego, ¿no?] Me lanzas cuarenta y ocho horas a la cara y con eso te quedas satisfecho. [No imagina que yo quería por lo menos días enteros.] No reacciono positivamente a mi presente porque no concuerda con mi pasado ni se parece a mi futuro. [Esto ya es, sencillamente, muy complicado.] Espolvorearme arena de la playa en las piernas, bebernos el tequila a medias, me gusta eso. [Primera noticia.] Eres mi necesidad imperiosa, mi caso perdido menos perdido del mundo. [Ni se entera.] Dos siglos de noches sin dormir entre besos de neblina, llevo. [Esto lo entiende, aunque a medias.] Me planteo mi cuerpo como algo accidental, como una tormenta de verano. [Vale.] No quise, te lo juro, caer tan pronto de este lado; yo quería lo típico, aquí te pillo-aquí te mato, pero qué grandes nosotros y qué rápido, y entonces qué hago yo con esto ahora. [Tampoco se entera.]




Paula Sanz.

viernes, 10 de junio de 2011

Anatomía de un hasta luego dicho por cansancio (II).



Sí.
La verdad es que sí que me apetece(s). Lo de volver a salir riendo en las fotos, digo. Lo de volver a ponerme nerviosa, lo de volver a peinarme con cuidado, bueno, lo de volver a peinarme, lo de acompañar al coche, lo de comer con ganas, lo de encontrarle el placer a preguntar bueno, y qué has hecho hoy,  lo de desgastar sábanas,  lo de cogerle cariño a un cúmulo de defectos, lo de errar más y pensar menos, lo de creernos con derecho a todo, lo de cogerle el gusto a ir a tientas por terraplenes, lo de escribir iracunda y quejarme por vicio.

Aunque, bien pensado,

no
comulgo con las procesiones que solo van por dentro, ni con repicar solo los domingos, ni con los púlpitos pusilánimes, ni con la soflama, ni con los puntos suspensivos a mitad del miserere, ni con las lenguas que no son romances, ni con las voces imberbes, ni con la barba por hacer la comedia, ni con las comedias irrisoriamente cortas, ni con los guiños, ni con las manos (grandes pero) vacías, ni con los imagina, los casi, los quizá, ni con el coraje abochornado, ni con las chiquillerías, ni con el despropósito (im)propio y ajeno, ni con las unidades de medida, ni con las apuestas desniveladas, ni con los prefiero no jugármela, ni con el verbo atreverse precedido de un adverbio de negación, ni con los adverbios de negación cuando absolutos, tramontanos y axiomáticos.  

paulasánchez