viernes, 31 de diciembre de 2010

All this weird beauty thrown right at me.



My wrecked nature, [sit down beside me]
these frazzled lips, [patch them up]
the drab glow of fraught skins [the name of our greatness]
placed upon me like murder chills. [pour me some oblivion]

Gentle verge of rupture, [this withdrawal was never true]
slow down the cataclysm. [hand in hand]
Fend for yourself, [knowing]
we only scratched the surface. [pull me in]

All this weird beauty, [don't come away]
my nurtured mindset.[the time of our lives]
Long live [us].




Paula Sanz.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

In the name of the best within us.


In the name of the best within us, I say:

Que qué era esto, te decía yo. Que si era para morirnos o si era para la vida en adelante. Y yo ya sabía la respuesta, la bonita, la que me abarca. Perdí el control, corazón, cuando deduje tu reflejo a través de la botella de limoncello. Que esto era aquello, me decía yo. Aquello que mueve mares y que me engendró la locura de pensar que diez horas en el aire son tres películas y no mil euros de turbulencias. Levanté el freno de mano, me expulsé del mercado, corazón, el día que me preguntaste si yo tenía fe en las cosas. Que la fe la tengo en nosotros, me dije yo. No hay más perfiles de esperanza en este cuerpo. Me gustaba vivir de las rocas, hasta que apareciste tú con la arcilla de la revolución natural. Que hubiéramos sido grandiosos, te decía yo. Y tú ya sabías la respuesta, la que te contaba yo todos los días, la que acumulamos en cuatro meses como cuatro maravillas.
[La realidad fue así, pero multiplicada por cincuenta]



Erring on the edge of safe, I say:

Yo tengo que volver, y nadie es capaz de comprender tu ausencia mejor que tú mismo. Via Molino delle Armi está muerta, Via Ludovico Muratori está muerta, el quicio de nuestras puertas, la noche templada de la colisión, corazón, del arrebato, y todos se han muerto ya, subyacen las sombras. Pero yo tengo un pulso arrítmico, un latido de menos que se apelmaza con el siguiente, yo tengo la sangre escocida, corazón, y no te lo quiero decir, que siento que me voy a morir cada medio minuto, que me saques de esta caja de hierro, por favor. Yo tengo que aprender a volver, aunque sea a golpe de día a día.
[La realidad ahora es así, pero multiplicada por cincuenta y uno]



-Prometo que por cada vez que diga muerte, diré alas. Por cada negro, depuraré un rosal. Por cada rabia, diré afán. Prometo por si sirve de algo; por si dentro de siete horas, te da a ti por prometer.-




Paula, y con eso basta.


martes, 28 de diciembre de 2010

Il sapore acido della parola (Te preceduta da) Senza.


Creo (que no es ni por asomo lo mismo que afirmo) que has hecho bien en ir para dejarte la piel. En ir para darte íntegra, sin límites ni condiciones. Creo (e insisto en la vacilante naturaleza de creer) que has hecho bien en ir, para quedarte en Milán. Porque lo que ha vuelto no es lo que se fue. You were never the kind who if onlys her life away.

Creo que haces bien en llorar. Porque cada lágrima es una huella y las huellas prueban que has andado. Dime para qué querría nadie una senda intacta. Dime si volverías sobre tus pasos y despojarías una catedral de los símiles con formas de mujer, los cientos de rincones de la indistinguible mezcolanza española de amor y ebriedad, tu lengua materna de los abordajes de la italiana. Don’t regret you got your fingers badly burnt: be glad your hand was eager to approach the fire.

Así que vete, Paula, vete lejos, vete detrás de él, bébete los océanos si crees (no hace falta estar siempre seguro de todo) que vale la pena. Vete a dejar a Góngora a la altura del betún y boquiabiertos a catedráticos extranjeros a golpe de verso libre, en el orden que prefieras. Vete a demostrar a quienes te daban por sentada que se han quedado irrisoriamente cortos. Pull out all the stops. O rehazte a Madrid y llora. Quédate dentro y cierra las ventanas, como un día escribiste. Vístete de luto por la pasión que te viene de raza, por las páginas que vas a llenar de estrofas infectas, por la palabra distancia y por el género que compartís. Start with a clean sheet. I've got aplenty for you.
Tienes derecho a hacer con tu vida lo que te dé la realísima gana a partir de ahora, porque ya has dado la talla todo lo que debías y más. You have the right to call it a day.


paulasánchez

domingo, 26 de diciembre de 2010

Enlighten me.


The Persian nature of your name has lulled my common sense

to rest in luscious aftertastes of dates and saffroned scents.



I’d fingercomb your every curl,

tousled as they might be,

unhurriedly describe their whirl

—and set my hands unfree.


I’d sip your eyelids –blind you mine–

in quest of the serene

blue-gray waters that rest behind

wreaking havoc on me.



Prosaic words (tasteless casualties of vapid talk) rejoice,

brimful of honeyed subtleties, when smothered in your voice.



I’d trace the enticing pathway from

your eyebrows to your nose,

my breath and fingertips agog

over your leaning close.


I’d pour us forth—

I’d breathe you in—

I’d learn –by touch– by heart the unshaven pleasure of your skin

faltering woulds apart.




Droughts of a man [your dearth] wither by half the word woman.

I dry

[for no Eastern zithers play along sere jasmines].


paulasánchez

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Réquiem por un intento.


Una elegía me manda hacer mi orgullo
in memoriam a ti y a tu cortejo
de huidas sine die y ex professo,
de mea culpa impropios e inconclusos,

de desapariciones ex abrupto.
Ahora (quede inter nos mi regodeo)
queréis un bis tardío del concierto
tú y tu concepto de Do ut des caduco.

Volaverunt los días de miseria.
-Facta, non verba -espeta, receloso,
el rigor mortis de mis apetencias-.

A persona non grata, oídos sordos.
Gracias por insistir pero Delenda
est Carthago
(quiero decir, nosotros).

paulasánchez

domingo, 14 de noviembre de 2010

L'amour est enfant de Bohême.


Para tí
todos mis días felices,
con su pálpito de cuenta atrás,
con su regusto a especias
y su olor a enjambre y a panal.
Para mí
todos mis días felices,
sin esas sombras iracundas,
sin pobreza en las costuras,
sin locuras diseñadas por satán.

Por tí
las cinco capas de mi piel
y lo que gustes,
la esperanza en la tangencia,
el deseo atemporal.
Por mí
que se tuerzan
los puntos cardinales,
violentar los labios
y siempre, siempre recordar.

Sin tí
a lo mejor me desmenuzo,
vomito al cielo
su juego sucio,
friego triste tu huella vital.
Sin mí
dímelo tú qué pasaría,
brecha de agua
o caminos de avaricia;
lamer tristes nuestra huella mortal.


Paula Sanz.

martes, 2 de noviembre de 2010

Thou shalt come adrift.


Mira que somos los dos más madrileños que los barquillos en San Isidro, pero no ha habido manera de contener un par de lagrimillas mientras exhalábamos vaho sentados en el suelo del balcón, cada uno apoyado en una contraventana azul. Bueno, las lagrimillas (léase goterones) corren a mi cuenta: él se ha quedado callado sin atreverse a mirarme. No vamos a ser nosotros quienes contradigan las tendencias españolísimas a la hipérbole cuando nimio y viceversa, a los cánones de género, al teatral por defecto. La cosa está en que me voy. Bueno, o más bien en que yo vuelvo y que a él poco le queda. A los dos nos encanta Madrid y sin embargo ahí han estado nuestras retinas cantando saetas.

Que para saetas, las que van a atravesarme el donaire capital cuando ponga un pie en la misma. Sabemos los dos, yo más que él, que la manera de ser a la que hemos dado cuerpo en unas coordenadas espacio-temporales dadas aguanta en pie lo que su plazo perentorio. Que yo soy y padezco de equis manera aquí pero que fuera de los corchetes de la ecuación equis no tiene sentido. (Que reprimir las ganas de sustituir “fuera de los corchetes” por hors crochets, pese a la certeza de que lo expresarías más rápido y mejor, va a durarnos dos telediarios porque el francés, como los metales y las ganas de vivir a contrarreloj, tiene tendencia a oxidarse.) Tomar conciencia de que estás a horas de que se desencadenen los primeros síntomas de corrosión y, lo que es peor, de que no tienes derecho a señalar culpables porque el billete de vuelta lo reservaron tus manos y lo sufragó tu bolsillo, te deja la boca seca. Por eso me oigo decir a Javi que el problema no es no estar; es volver. Y él asiente, manteniendo la faz derecha de su rostro pegada a la almohada, los ojos cerrados, el semblante indefinido; como si quisiera derribar mis verdades como puños con su indolencia.

Lo duro, prosigo, y me noto hablar a trompicones: pronunciar una frase es descobijar una certeza, descobijar una certeza (catar su deje amargo) es pisar una mina, y así sucesivamente. Lo duro no va a ser desacostumbrarte a oír erres velares, a hilvanar con acentos agudos todas las palabras, a coger el metro en vez de alquilar una bicicleta. Ni echar de menos un concepto de la religiosidad sui generis: que el nombre de la laicidad sea santificado y las huelgas de la red de ferrocarriles, el pan nuestro de cada día. Ni lijar la agudeza de una conciencia ciudadana que paradójicamente es concienzuda y es ciudadana, siendo el segundo sustantivo, de puro contundente. Ni dejar de encontrar material para escribir largo y tendido en la esquina de cada bulevar, en la tendencia local a la elegancia por defecto, en la abundancia de encuentros fortuitos (más que encuentros, colisiones). A veces arrasa con mi tendencia a las quimeras un cierto espíritu pragmático espetándome que si no tengo nada con lo que alumbrar al mundo, deje en paz las candilejas, y esta es una de ellas.

Lo insoportable va a ser invertir el signo. La naturaleza residual del movimiento. Obligarte a frenar la vorágine. Exigir sensatez a las taquicardias y creerte que no por ello estás extirpándole su sentido al verbo vivir, sino dotándolo de uno diferente. Cuesta arriba se va a hacer rebajar las expectativas para con los otros y con uno mismo: no mantener conversaciones en cinco idiomas simultáneamente y rodearte de personas que considerarían irrisorio el extraer placer de algo así. O mismamente la insultante facilidad de palabra que te otorga el hecho de que, por algún motivo inexplicable, el azar ha querido que tu lengua materna y la tierra que pisas se correspondan. Hercúleo va a ser no rechazar categóricamente el regazo de los orígenes cuando las estadísticas reflejen que estamos en las de siempre, cuando me invada la sensación de que todos a mi alrededor hablan a volúmenes insostenibles, cuando me hayan expropiado Madrid de puro retocada, de puro bulliciosa, de puro magnánima. Vergonzoso, por decirlo finamente, matar los impulsos de condescendencia. Verse venir a uno mismo es de las sensaciones menos gratificantes y al mismo tiempo más reincidentes que existen.

Entre el revuelo de sábanas que levanta mientras se da la vuelta y reajusta su postura oigo murmurar a Javi una ristra semi-inteligible de lecciones cañís: menos gritos, Milagritos, el reloj de la Gare Thiers resta segundos a mis reyertas con la regularidad indolente de quien despacha documentos a golpe de matasellos; a camino largo, paso corto, si tengo los miedos agrupados en caballerías avanzando a paso ligero por mis lizas particulares; y que te lo quiten, que se atrevan a quitártelo, el qué, Javi, lo bailao, Paula, lo bailao.

paulasánchez

lunes, 20 de septiembre de 2010

(Tu) ropa en noches de luna escueta.

Milano.


Así ha querido ser
y así ha sangrado,
la plena luz de la noche escueta
talladita a los huesos de la cadera,
deleitada en el perfil del nervio.

Las voces tibias
que se ramifican para morir
en la blanda lucha de la inercia;
segregar con los labios catapultas.

Rotunda la esperanza
de expurgar las llagas, la desnutrición.
El acoso, el derribo,
ir al amor como a una guerra,
bautizarse en el reclamo de vivir.

Y ya sabía
del tiempo como mañana,
del abandono del camino del ayer.
Así he querido ser
y así ahora ando.
Eterna fidelidad a la gloria,
la cama jugosa,
los ríos de piel.



Paula Sanz

lunes, 13 de septiembre de 2010

A punto de caramelo.




[El suyo no es nombre de tango (ni de hombre); es más bien rock blues acunado bajo la noche cerrada de la stracciatella condensada.]


Descubrir que no queda ropa interior en los cajones, la pobreza desinhibida de quien solo tiene para beber. Caminar por un país cercano donde ninguna cosa te recuerda a casa. Tener, por lo tanto, que construirte una en mitad de Via Muratori, en frente de Mondadori: Libri e DVD. Las macetas con geranios, las bicicletas oxidadas porque un día, aquí no dejará de llover. Los surcos de los charcos antiguos en el asfalto, el amor hasta en la esquina del mantel, esperarte en Porta Romana, y que llegues con Amaro para compartir entre seis. Que me roben flores gigantes artificiales a las dos de la mañana después de comer tarta de manzana y que me agarres como si fuera sin querer. Dos euros y medio por un manjar y gratis los viajes en tranvía, pizza al forno y couture en las vitrinas. Los ruidos nocturnos no reconocibles, responder al móvil diciendo Pronto?, dibujar en tus costillas el Duomo, pensar en si estarías si te dijera ven.


[El otro no es nombre de mujer; es más bien cabello miel con vino tinto, labios de calle, muslos de acertijos y vaivén.]


Abrir la puerta de hierro forjado en pijama de rayas pero las pestañas pintadas, ver películas italianas mientras te espío por el rabillo del ojo las piernas desnudas y las curvas del pie. Ser capaz de inventar un orgasmo, escribirlo y plasmarlo, pero huir cuando noto que va a suceder. Caer del cielo todos los días y no hacerme daño, aprender a comprar medias en idioma de manos. Sugerirte un tatuaje y rozar tu rodilla, redactar en promedio cincuenta y cuatro líneas, congelar en tus cojines mi colonia y mi fe. Escuchar las historias de quien se cruza en mi camino, mojar pan y repetir de vino, limpiarme las comisuras de las sangres pasadas con la euforia y la candidez. Ser el lamido del lamido humano, ser balbuceos, bucles, jabón y calambres sanos. Marcar con saliva tus pasillos y el rencor.

Vamos, que la ciudad nos pide a gritos, que cubrirnos con fantasmas no disuelve los vicios, vamos, que no quiero que se me escarche la piel.




Paula Sanz

miércoles, 18 de agosto de 2010

Las malas hierbas.


El alcohol, ocho euros con sesenta y ocho que al final se quedan en siete y medio la hora, cenar fuera de casa, la bisutería étnica a propósito, la fecha de devolución del depósito de garantía, la imagen [una generación de niñás idénticas], dejarte subir en las escaleras mecánicas de la Gare de Cannes dándote cuenta de que ahora tú también formas parte del rebaño somnoliento que acude a cumplir una función en la colmena a las seis de la mañana, la negativa automática a tiempo al tiempo, la sobrevaloración de la universidad, el desgarro atronador concentrado en la i griega y la a que completan el término Ya, el cainisimo del Ahora, su ligadura al Yo, el despotismo disfrazado de democracia, las gorras de limosna vacías a la puerta de centros comerciales (las ganas de vomitar).

- Profe, yo quiero ser como tú, quiero ser blanca.

Las bolsas de Zara en papel reciclado, los envases de maquillaje caducado, pactar con la casera un el presupuesto de luz y agua a principios de mes, tu mano entre mis piernas, devolver los excesos a finales, la existencia injustificable de ciertos cigarrillos, tu pasado, las otras, ¿Suprimir mensaje? Suprimir todos los mensajes, los ojos rojos por la mañana, el bar de alterne de la insuficiencia, la imagen [quítate la ropa y dime en qué te quedas], el día cinco de cada mes, pensar en hacer la revolución mientras oyes a tu cuerpo pronunciar voilà son café au lait monsieur, recordar cuando tirabas las medias al mínimo descosido (mirarte al espejo y sentirte un puto retal).

- Profe, llévame a España contigo.

Las casas francesas que combaten los signos de fatiga y de envejecimiento, las horas vacías, los celos, el binomio querer necesitar, las básculas, los signos de interrogación que abrazan mi derecho a los juicios de valor, los gajes del oficio: las manos cuarteadas, la espalda derrotada, los pies ansiando recuperar su descalza naturaleza, mi bello perfil de cariátide sustentando el sistema capitalista, la imagen [las leyes gravitatorias que atraen tu totalidad en torno a una sustancia polvorienta y blanquecina: el placer visual], la lucha de clases declamada por un sindicato español, rozarte una llaga y la consciencia certera de que tan solo se trata de la punta del iceberg, el gusto por la demasía, volver a casa sin ti, fumar sin estar acompañado, no sentir un ápice de interés por las vidas ajenas que se exhiben en facebook (la tuya incluida).

- ¿Tú qué quieres ser de mayor?
- Yo, profe, turista.

Las cifras del paro en tu país de origen, los contras, versus y demás palabras esclavas del sistema meritocrático, el pensar en ti ebria, la degradación interna, las tres tarjetas de crédito, los atentados publicitarios, el lunes empiezo, los suelods congelados y los sueldos vitalicios, la exaperante tendencia humana a los celos y la celosía, la familia léxica del verbo exigir, el miedo a acabar solo, el epíteto depredador que todo lo califica, las prerrogativas, los padrenuestros dichos deprisa y corriendo, los tacones sin tapa, los taxis por pereza, tu espalda la noche en que claudicaban mis adentros físicos y metaforícos, la gula, la marginación, el consumo por amora al arte, el desdén, los escaparates y demás superficies reflectantes en los que uno se busca sin cuartel, el empobrecimiento cultural, el y después ¿qué? (la flaqueza de los despueses).

*

Los deberes como ciudadano. La legañas de la conciencia occidental. La ironía de la etiqueta en vías de desarrollo. El deber como obligación y no como voluntad. El lastre de la decencia. La proliferación de las excusas sobre las explicaciones. Las malas hierbas (el miedo a estar enzarzado). La certeza de que solo tienes un cuerpo y una vida y los estás sembrando de minas.
paulasánchez

domingo, 15 de agosto de 2010

Remember me as a time of day.

Mýkonos-Grecia

La sinestesia en la boca del estómago
cuando se cuelan los dedos,
los dardos en las yemas de la pasión.
Las cantimploras hasta arriba de asco,
la injusticia en las rifas,
el desprendimiento de rutina,
lo que suene coronando la última erección.

El Ónfalos que buscamos,
los charcos de Dios entre líneas,
pagar la bondad a hurtadillas,
no saber qué decirles a los huesos
para quitarles la angustia
de morir en vertical.

La geometría pesada a la mañana siguiente,
los ladrillos devorando pétalos y gente,
las niñas que deprisa
olvidaron la miel.

Mejor recordadme como un momento
en mitad de un gran día,
con pálpito de girasol
y vino de artesanía.

Mejor incineradme junto a mis astucias,
y escribid sobre el agua con ellas:
oídos vírgenes a palabras sucias.




Paula Sanz

martes, 3 de agosto de 2010

Quédense dentro y cierren las ventanas.

La vida a ultranza responderá a tu nombre.

                                           Y habrá que aprender a no fatigarse,
                                           a sujetarte la mirada con estacas.

Vendrás sembrando los cauces de antítesis y de manzanas contraproducentes.
                         Y yo decidiré si me vales todas las penas. 


                                                                                                                                  Tú me enseñarás a dejar de lad
la contraofensiva.

                                   Yo
                                   seré más llevadera cuando haya olvidado
                                   cada cara y cada palabra de cada hombre
                                   que se me encalló dentro.


Joder con los laberintos que me costará desatascar. Joder cuando me alivies las llagas. Joder más despacio que deprisa.


                            Yo voy a ir donde tú estés, permaneceré hasta que caiga la nieve,
                            luego haré el equipaje y te haré un hueco en una hoja de papel.

                            No tengo intención de quedarme con el recuerdo de tus llantos.
                            No tengo intención de perpetuarte más allá de la farola de una calle milanesa.
                            
Bienvenidos al tortuoso camino que nos incita.





Paula Sanz



jueves, 15 de julio de 2010

La vida por costumbre.


Buenos días, por decir algo.
He acudido a la cita (o llamamiento a la guillotina) que habíamos acordado antes de este paréntesis (o salida de emergencia) por educación. Salta a la vista: traigo la frente resquebrajada de tanto ceño fruncido por defecto, las ventanas exhaustas de tanto resoplar por no estallar, los ojos en huelga de tanto aborrecer las vistas, los labios deformes de tanto resistir improperios y la mandíbula desencajada de repetidamente boquiabierta ante la desvergüenza de Occidente.
¿Ve usted la cartera rebosante de papeles que asen mis puños? Son los testamentos de veinte fallecidos. ¿Percibe usted los cardenales sobre mi rostro? Son el eco de veinte piedras desarraigadas de su senda para emplearse en la dilapidación. ¿Observa estos muñones relucientes? Son veinte minas antipersona: después de su aurora no queda sino miseria. Cuidado no tropiece con mi rastro de hojarasca. Es el eco de mis palabras: veinte soliloquios de los cuales ni uno se salva de la hoguera. Y gracias por mandar a colgar este sudario carmesí que socava mi entereza: son las veinte gotas de sangre excretadas en el proceso de reverenciarse reticentes óleos, linos y talones peripuestos ante una frente ramplona pero incondicionalmente alta.
¿Qué (coño) ve(mos), si no es indiscreción?
No, si no hace falta que conteste: sé que va a camuflar su ceguera con estadísticas, tasas y cifras pero es que a mí las matemáticas (cuando al servicio de uno) me ponen enferma. Tiene la humanidad un peso de (mala) conciencia y un volumen de cuentas pendientes tal que me da la risa solo de pensar en cuantificar los daños y perjuicios.
¿Cuánto (mereces, vales, adquieres, precisas, cedes, piensas)?
Cuánto valiente y qué poca patera, cuánta noche y qué poco faro. Hay que joderse. Cuán agria la certeza de saberse incierto: hiel de pomelo. Cuán incomodo el lecho del que va dando tumbos: dosel de rocas. Cuán irónicamente ansiado el tener donde caerse muerto: qué enternecedor por parte del ser humano necesitar una cuna fija donde retornar al cabo de la jornada a mecerse en sus desgracias. Cuán paradójicamente desaconsejable el ejercicio de la razón, se da un aire al desquite que siente el ser humano por la democracia cuando ya la ha vivido en sus carnes. Cuán conflictivos el pesimismo por defecto y las ansias de revolución: las mismas arcadas que produce un cuerpo virgen adyacente a una jeringa infecta. Cuán inquietante la imagen de lo que en su día alumbró el mundo con los pocos haces de sentido que su desequilibrada naturaleza tolera: cirio pascual reducido a cuatro míseras gotas de cera. Cuán vacuas hoy las palabras que otrora se desbordaban de puro orondas: demolir el parlamento por desuso, esperar sentados por amor al arte, claudicar las redenciones y peroratas burguesas (a ver si nos entendemos: los paripés).
Qué de portadas le habremos dedicado a nuestras páginas de sociedad.
En horas de vergüenza, qué poca importancia adquiere lo propio y cuánta lo lejano.
Lo que un día dolió la autocompasión, hoy duele la ingratitud perseverante.
Estamos todos vacíos de puro llenos.
Es sentarse a cavilar y se le saltan las lágrimas a una.
Si me paro a pensarlo ni duele (solo un poco, por inercia).


paula, en proceso de (¿re?)construcción

miércoles, 14 de julio de 2010

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo.



Una aprende rápido que en Italia la gente considera de mal gusto compartir la comida. La saliva del otro no se toca, y sin embargo, gli italiani están muy dispuestos a beberse ya no solo tus vientos, sino el pozo entero. Veramente, non posso explicar de qué forma convergen Corso Buenos Aires y Porta Venezia, ni cómo una se enorgullece al notar que su idioma siempre da la cara, que si yo creo que es, asumo el atrevimiento de mi afirmación. Los italianos lo condicionan todo, credo che sia, y venga a respaldarse en lo hipotético y pies-para-qué-os-quiero como la cosa se ponga fea. Pero, de nuevo la incoherencia, de nuevo gli italiani en busca y captura, con los corazones puestos en bandeja -como si nos sobraran- haciéndote creer que loro sono l'amore, que los cuerpos sirven para ser muchisimo más que eso, que ellos son agua oxigenada en cada rasguño maltrecho a la española.

Una comprende que los italianos son un pueblo de mercaderes, y que io e poi il resto. Yo y mi vida, yo y el uso que hago de mis ojos, yo, y si hay suerte, tú. Y es sorprendente cómo luego tienden la mano, cómo saben mirar hacia otro lado cuando una llega con su agresividad de raza, y sin guardar las formas, tira por tierra los pilares del buen comportamiento femenino. Cuando una destroza a patadas el refinado sentido de la cortesía que apaña tan bien a Italia entera. Cuando una dice déjame, lo ordena, lo condena, lo espeta al más puro estilo de mujer españolísima desde lo profundo.

Una se da cuenta de que en Italia el tiempo se mide con un criterio estético. Fa bel tempo, fa brutto tempo, como si la cobertura midiera la grandeza de las pieles, como si una boca perfilada y unos dientes rectos valiesen su peso en oro. Y una, que lo hace con una pizca de moral, hace buen tiempo, hace malo, no sabe si eso será considerado flaqueza del alma por sus nuevos compatriotas. Si se le notará de lejos que viene con la marca española de la dulce modestia.

Pero lo más difícil es cuando una se para a pensar en tutto ciò che avrebbe potuto essere io e te, si no fuéramos tú y yo. Si tú no hablases un idioma de azúcar y de mentira, si yo guardase en el cajón la histeria ibérica, si la desconfianza de mí para tí quedase anulada con las voces, si yo captara una décima parte de lo que pretendes decirme,

si no fuera tan extraño no reconocer en el otro la cadencia brusca y deslizante del verbo español en imperativo.



Paula Sanz.





martes, 6 de julio de 2010

Long story short.


Foto: Isabel Muñoz (Edit. La Fábrica)


LA ESPERANZA

Estar ahí,
para irnos.
Por si algún día volvemos
a la estética de oro,
por si nos desencontramos.
No resarcirse,
que no se avale el tanteo.
Por si resulta que sí fuimos,
por la sangre licuada en los imprevistos.

***

LA AMARGURA

Nadie es tanto
como lo que es en otro
ni tan poco
como cuando vive de las sobras.

El viejo hábito de desmitificarnos,
de sustraer el plural,
de serlo todo
y serlo sola.

***

LA CONDENA

Implicada en una intimidad rota,
un cuerpo
o un saco de ceniza,
un efecto
y algún héroe
más de sábanas que de venganza.

Tantos verbos derrochados
para tan ínfimo trecho.
Acunar el agravio
con un pincel
o con piel en cueros,
sentir en la nuca
los silbidos de los nuevos paseos.

Las cosas que no decimos
tienen forma de pánico,
color de ciegos,
y amnesia de vergüenza.
***


Paula Sanz



sábado, 26 de junio de 2010

MAD-MXP


Nadie quiere pisar nunca la tierra que dicen que es de nadie. Porque hacerlo, usarla en tránsito, la vuelve tuya.

Te recae la pertenencia.

Milán es un espacio abierto entre trincheras, ese suelo sin dueño, unas costras, todo sucio, calle abajo o calle arriba y las manos vacías de tanto restregarlas contra las mejillas lisas de la rutina. Milán, cántame otra, tócame otra, rasgas bien todas las guitarras. No parece una ser de nadie, cuando se barajan las lejanías.


Tampoco hay ganas de explicarse la muerte, o entonces la vida, con una copa de vino blanco. Porque hacerlo, agriarse el rastro, te vuelve turbia.

Te disloca las traiciones.

Milán que tanto nutre, que me llegaba en ayunas, que me ha dejado satisfecha, un toque latte manchiatto y albahaca en las esquinas. Todos los huertos tienen el mismo perfume, de tinieblas rosas y amapolas y charcos. Con idéntico deseo de ser mi verdadera consecuencia, pesa en mi bolsillo una larga ristra de epifanías en italiano.


Nadie nunca sabe por qué vuelve o si se ha quedado. Porque saberlo, pulirse la perfecta consistencia, deja un residuo viciado de preguntas cojas de respuesta.

Te adormece la coherencia.

Milán, qué bien me vienes y qué bien te vas, cómo te callas la boca y no revelas las historias profundas que estás gestando. Había un mutismo casi barato en mis entrañas, casi confuso, y menos mal que he derrocado ese paso en falso. Se me ha caramelizado la pena, que no disminuído, se me han acabado los buenos argumentos para tener la sangre fría.

Milán, de aguas secas y vintage de lujo, de aceite y pan y tirachinas,
compórtate y hazme de nuevo, no recules, no me lo pongas más difícil.



Paula Sanz.

lunes, 7 de junio de 2010

Salvation was just a passing thought.

Darse cuenta
subterráneamente
de que ya todo
va a perturbar las adherencias.
De que ya las metáforas
no se fuman con boquilla.

Las anacondas detrás de los ojos:
saberlas.
Y permitirse el lujo del miedo
y desprenderse un poco
porque se va a desgastar
también nuestro rosa.

Nadie viene al caso
en el valle de los espejos amargos,
nada ahonda.
Pobres banderas que
conjuran amor y renuncias:
no van a ondearos.

Sin extravagancias
hemos quedado
en la pueril muerte
de los vínculos que no duran.
Darse cuenta,
más tarde que temprano.

Paciencia, solo queda lo peor:
las saetas agrias
tumbándonos a todos,
mutándonos en seres
concéntricos,
descabalgados,
egoístas.
Que conste que la culpa
la tienen mis entusiasmos,
que se callan como putas
cuando ven venir
las grandes (anti)conquistas.


Paula Sanz.

jueves, 3 de junio de 2010

Yo era un ser lluvioso y quería morir en París con aguacero.

Brindar con tal ímpetu que se parten las copas. Que caiga el cristal al dorso de la mano como beso engreído. El tajo menudo, el tajo sangra. La misma sangre que acarrea el pulso de la palma que, una vez, sobre tu palma, propagó el deshielo. Hielos en los vasos fermentando las tonterías que mejor nos hacen subsistir. Líquido asociado a la mesa, a las ropas, a la herida abierta. Agua que una vez sorteó la montaña, escaló alto, se desplomó. Paracaidismo vertical de las gotas en los escotes. Un sobresalto, un jodermehecortado, la piel resentida por el aire que ulcera. Úlceras acumuladas por los siglos de los siglos bajo los signos de interrogación. La saliva que desinfecta la apertura, la misma que sosiega tu hambre, la misma que se prolonga para darle cuerda a la conversación. Las palabras que aplastan las bocas, las bocas a los vasos, los vasos a la penumbra, la eterna oscuridad de los callados. Recuperar el hilo y olvidar el manojo de vidrio en el suelo. Suelo abatido, zarandeado por pies saltando, resignado bajo pies solitarios, edulcorado entre pies al vaivén del sentimentalismo.-Y qué bobadas son esas de ponerse cursis entre bebida y bebida. No nos amariconemos, que no estamos tomando vino, por el amor de Dios-. Dios en el que no creo, las agujas flacas de los relojes que nadie mira no revelan la hora. Alguien propone alzar el vaso para desear alargar las vidas. Pero yo mantengo que quiero morir en París con aguacero. De ese que viene del destripe de una nube, de un vapor, de un resquicio de una roca en cualquier parte. Que alivió la fisura de una mano de mujer, que una vez derritió el eco congelado de la mano de un hombre, unos minutos antes de que empezara a amanecer.




Paula Sanz.

jueves, 27 de mayo de 2010

Tragaperras de mi vanidad.


Hay un tragaluz entre todas las piernas de todos los troncos de cada una de las mujeres que conforman la Tierra. Cunden los pétalos cuando se utilizan, cuando funcionan en la boca de los estómagos de estas mujeres. It was the best of times. Hay un vertedero también, entre esas extremidades, que se contrae de rabia y de vergüenza, que sufre un mal uso, un mal destierro. Quizás ya has adivinado la cantidad de aridez en las subzonas. It was the worst of times. Desmayar los requisitos con el fin de abrir puertas y encender interruptores, ventilar las áreas arañadas, adecentar el nuevo suelo que ocupará quien de momento lo merezca. It was the age of wisdom. Pero todo error vuelve, y entonces la esclavitud solo será mía. Parece que se ha perdido el gesto anacrónico de levantar la mano para pedir una explicación. It was the age of foolishness. Hasta qué punto ocupo yo un espacio en tu encastre o si es posible grabar sobre una piedra la importancia de lo que nos sustraemos. Hay una ladera de éxtasis en cada uno de los cuellos de cada una de las personas que se atreven a emplearlos. It was the epoch of belief. De qué me sirve entregarme en fascículos, si al final todo se quema. Dónde reside el propósito último de funcionar si toda maquinaria se atranca. Dejar que se me escape el negro, o no. It was the epoch of incredulity. Igual ya has percibido la cocción lenta de mis querencias, los rastros lustrosos de tonterías, las piezas de baile a medio ensayar, la precisión con que elijo la música y los libros. It was the spring of hope. Esa punzada de terror en la reminiscencia, ese contrapicado de los meses kilométricos en los que yo me quedé defendiendo el pozo sin fondo del alma de mujer. Hay una intención clarísima de mí para tí-evitarte los lamentos uno a uno. It was the winter of despair. Existe una bifurcación hacia un sortilegio de sangre y úteros, donde regresar a la antigua vida carbonizada. Allí no quedarán tiempos para quejas, pues será entera la paz grisácea de quien no perturba ni toca. We had nothing before us. Pero hay nirvanas deshabitadas en las trastiendas de todas las vidas que se dejan ocupar. We had everything before us.



Paula Sanz (y Charles Dickens en negrita)

miércoles, 26 de mayo de 2010

En los corrillos se tacha a nuestra culpabilidad de antirrepublicana.


- Existe una ley que condena la reconjugación de los pretéritos de un amigo. Se trata de una ley general y absoluta que únicamente tolera los géneros triangulares en un futuro no próximo.
- Mira, puedes contarme todas las historias que quieras sobre códigos penales –que hacen penar las fiebres de la carne–, puedes exigir constituciones al frenesí de los cuerpos, pero no te engañes, que aquí no hay más absolutismo que el de dos bocas que se buscan. Así que quítate la toga de Licurgo de turno: tus leyes, mis cojones.
El deseo carnal es un déspota ilustrado: todo por el individuo, pero sin el individuo. La certidumbre humana de vivir un éxtasis, de ser a solaz, lo condena a una esclavitud vitalicia. Podemos jugar a disfrazar las dictaduras epicúreas con segundas ilustradas y estratagemas liberales, podemos dárnoslas de literatos –si quieres volvemos a recitar juntos puedo escribir los versos más tristes esta noche, si quieres volvemos a corregir juntos a Maquiavelo–, de productos de las Luces, pero no te engañes, que aquí no hay más producto que el interior y bruto resultante de nuestros instintos ni más luces que las que queremos apagar. Puestos a traicionar, hagámoslo a oscuras, que los remordimientos nacieron para morir bajo censuras opacas y muera, citando a Voltaire, quien sostenga lo contrario.
Tú más que nadie sabes –porque a ello te dedicas, porque por ello destronas a cualquier otro– que no hay derechos sin deberes: al derecho de asilo que ejercen mis ansias, tu deber de acogida. Sobran los referéndums en tierras de mujer decidida: la coalición de mi raciocinio y mi pelvis a favor de tus regencias termina tildando de prescindible toda tentativa democrática.
Así que ahora que estamos compartiendo esta silla como quien establece un protectorado y se reparte una tierra ajena con una potencia que temporalmente ejerce de aliado, ahora que me he comido las distancias adrede, ahora que la punta de cada nariz se ha distribuido instintivamente el espacio –tú a mi izquierda, yo a tu izquierda–, ahora que respiramos al unísono –estás oyendo el sonido uniforme de los alientos, estás sintiendo mi calor en dosis sucesivas y efímeras sobre el comienzo de tu mejilla, estás confirmando que el tuyo se yuxtapone a escasos milímetros, te estás planteando si nuestros aires se entrelazan bajo el cobijo expectante de nuestras ventanas-, ahora que nuestras pupilas tienen dificultades para sostenerse de puro próximas, ahora que estas se debaten entre mirarse las unas a las otras o delinear con las pestañas los contornos de los labios del otro, ansiosos de exiliar las cautelas –poco más y me roza tu barba de dos días–, ahora háblame de leyes.
paula sánchez

domingo, 23 de mayo de 2010

Danza narcótica de las pieles.


De puro quimérico
de puro microscópico
de puro predecible
de puro quebradizo
de puro déspota
de puro ingrato
de puro corruptible
de puro anémico de saber
de puro crédulo
de puro Judas
de puro usurero
de puro vulgar
de puro inmisericorde
de puro extasiado en el deleite orgasmico de presenciar la pesadumbre de sus semejantes
de puro alcoholizado cuando se afana sudoroso y sin aliento a golpe de martillo hierro candente sobre hierro candente una y otra vez un martillazo tras otro cuán atroz percusión sin protección alguna en la fundición de los cuerpos que se desgarran se descuartizan se acuchillan se taladran sin cuartel imprimiendo una monstruosidad aterradora a una carne y unos huesos bellos por naturaleza

de tanto que se martiriza
y a poco que se responsabiliza,

qué grande, el ser humano.

sábado, 22 de mayo de 2010

How a resurrection really feels.


El escozor de los momentos grandes. Las venas irritadas de la desmesura. Echar la vida por los huesos. Cascada de piel femenina encima de ti. Decir lo obsceno, lo tremendo. Acumular los abstractos de los ojos cuando centellean desde dentro. Prendernos en un conjunto inimaginable. Capacitarnos. Irradiar sofoco. Aires templados desde fuera hasta los empeines del pie. El sabor ancestral del hombre primitivo e incorrputo. Dejar, de una vez por todas, de vivir del cuento. Arrancar la vida de antes, la dolida. Soterrar todos los tiempos anteriores, todas las manos y todos los mejunjes desprendidos por otros cuerpos erosiondos en la memoria. Porque partimos de aquí. Del vibrar del pecho desplegado. Las fisuras tan nítidas de le emoción embotellada. La pausa, el estado cíclico. Allá el resto con sus conciencias, con sus elucubraciones, con sus orgullos. Allá que se queden, flotando en la rozadura.El gesto desprevenido de la melaza entre los labios. El presente físico del todo siendo igual a la suma de las partes. Exactitud en los ángulos. Concedernos los gerundios. No recordar tanto sudor ni tan poca sombra . Suponer que así es la catarsis, la evolución, el ancla desencallada, las cenizas hechas ave de nuevo. No suponerlo, saberlo. Jurarlo enloquecidamente. Defenderlo. Viceversarnos. Muchísimas veces. Y basta, la ofensa, la crítica afuera, el mundo entrometiéndose. Zanjarlos. Recitarnos entre las piernas. Que reverbere la voz en el hueco de los muslos. Vendimiar la plenitud, y consumarla a puñados. No estirar demasiado esos raros segundos de universalidad, no funcionar en las retaguardias. La provocación deliciosamente oportuna. Elogiar la importancia de la simbiosis. Sinergia escurrida por el cuello. Eso que se hace de enmudecer cuando la plasticidad de la palabra se queda corta. No ser precisamente capaz de explicar de modo terrenal la resurrección de la carne. Que era polvorienta, que era hollín, que ahora es la matriz de la matriz de la auténtica persistencia.



we begin the work

may it continue
the great transmutation
may it continue
rite of instruction
may it continue
rite of passage
may it continue
as woman continues
may it continue
as breath continues
may it continue
- Diane di Prima-


Paula Sanz.

sábado, 8 de mayo de 2010

Cuarenta y ocho kilos de requiebros.

''That (sex) was the most fun I ever had without laughing''
-Annie Hall [Woody Allen]-


Cómo de espumosa debe ser la plétora de mis tiempos
en este concurrir inmaculado de recíprocos,
que han hecho aguas los úteros agredidos
de mis terapias rencorosas,
han
e
m
p
u
j
a
d
o,
lo mismo que un vientre alzado
por el magma del deseo epicéntrico,
las raíces del dolor negro y han abierto
la ingravidez para recibirte.

Digo confío y suena
a locos lamiendo hierro,
pero sale de la boca y parece decir tantísimo;
sortear la tierra de nadie con desmesura
tiene su fin en la voluptuosidad proyectada de tu voz.
Si así me vieran
los que secaron la corriente,
los que orgullosos me atribuyeron la piel sin la piel
y la piedad sin falta.
Si me vieran decir inmenso y no desplomarme,
sangre que corre con el cuerpo
y no por él.

Digo consonancia y solo suena
el brote caliginoso de lo que ahora tengo
escociendo de sal provocativa
mis hondas ganas de durarte.




Paula Sanz.


jueves, 29 de abril de 2010

Yo a las adherencias no les voy a meter el bisturí


''Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.Si admitís la ineptitud femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz.''
-Clara Campoamor. Debate parlamentario sobre sufragio univeral. 1931.-







Hablemos de muchas cosas, de una sentada, hasta quedarnos con el inaudito don de la ebriedad y notar el peso universal sobre el diafragma. Quiero decirlo tanto, la abundancia en exceso, las redundancias que se atropellan, y quiero que lo sepas, tú, indefinido, cualquiera me valdría, o quizás no. Cada cual elige su propia temática y la mía versa generalmente sobre esta bendita malditaexistencia o sobre cómo fue el mundo de aquel instante de satén y de raso, en brazos ajenos casi siempre, en yemas de mis dedos a veces. No por esto, por rebuscar en charco profundo, sé menos de lo que acontece fuera de las murallas de mi erial; comeré en crudo, sin más adornos, las desgracias de otras tierras, de sus mujeres y hombres, y me guardaré mis mejores lágrimas para la muerte. Seré seria cuando me canse de ser tortuosa. Cavaré lo que haga falta cavar si con ello viene un caudal; zozobrar para levantar con las llagas el nuevo mástil.

Pero sigamos hablando, o realmente, seguiré hablando yo, que discurso y textura me quedan para rato, para aturdir. De que ha llegado a mí un afluente hablo, sin pies en polvorosa, extracción humilde entre mis descalabradas estupideces; quien saca de la invisibilidad al otro es tan valioso, quien me corrige las desestructuras desde el eje, merece la vida servida en bandeja de plata. Porque tampoco quisiera dejarme en el tintero ese rencor tan español de pisotear al de al lado, ese ímpetu por desprestigiar la sensación contigua. Pobre de aquel que se refugie en las oscuras aspiraciones de su ironía. Por eso, por esa falta que en mi fuero interno me parece terrible, digo y digo alto, que no hay como estar llegando, haber llegado, llegar, a un nuevo núcleo entre dos que no peque de impertinencias. Mencionar llanamente que le estoy cogiendo tirria al proyecto de los hielos; soy más feliz viviendo templada, aunque tampoco así me evito los asuntos sangrantes. Sea como sea, la insensibilidad en los demás me reverbera en los órganos, me los revuelve, conforme voy apilando años, conforme voy rebajando semanas.

Para los que aún estén conmigo en esto, por compromiso o por gusto, quiero que sepan que igual sí, igual no tengo una gran historia que contar, porque a lo mejor lo que yo hago, lo que yo sé de manera mejor, es enhebrar las pequeñas cuentas de los rincones rotos de las vidas en tránsito. Me da igual, sinceramente, empolvarme la cara y sonreir sin ánimo, si yo me tengo en la clarividencia de lo que escribo. Si yo me tengo. Al fin y al cabo, algún día, ¿a quién vas a deslumbrar?. Pues entonces acojamos la compañía como tabla de salvación, como recompensa. La alegría de preguntarle a alguien: ¿Te acuerdas?- y notar que sí, que se acuerda.

Y aún así, desde el sincero peligro, creo que hay hombres singulares que agudizan los instintos de mujer pero no los aman, no abrigan a la mujer en todos sus contornos de luz y sombra; también hay mujeres que se van hacia dentro en un torbellino de absurdos. Eso también lo quería dejar claro. Pero en fin, qué decir, si yo a las adherencias-o a las garras, o al mercado pulverizado, o al espectáculo postmoderno revisado-no les voy a meter el bisturí, porque yo decido aceptarlo todo en mareas. Porque yo decido también zanjar esto, tanto juicio sincronizado, tanta ternura, tanta patraña y tanto que la defiendo, con un imperativo delicado que me está alborotando, que llevo un buen rato intentando colar por alguna fisura. Con lo maravilloso que es poderle decir a alguien: desnúdame-y notar que sí, que te desnuda.




Paula Sanz.

viernes, 23 de abril de 2010

Hay jaquecas que dan menos guerra que tú.


Una del mediodía: el atragantamiento.
A carcajada limpia
río tus limosnas.
Si mucha solear
y mucha copla,

pero cosquillear suelas
de mutilado
solaza más que tus nos
de pie quebrado.

Una y dos minutos que hacen de Troya una parodia.
Agua de cenagal,
papel mojado,
mis lágrimas a golpe
de pareado.

Apaga y vámonos, que
tantos entierros
no los velan ni cirios
ni serventesios.

Zahiere la regularidad impasiva del tiempo: las cuatro, las cinco, las seis.
No hay ábaco que cuente
las algazaras
que tu silencio liró en
tardes ajadas

ni deje a la altura de
tu insipidez,
más que el gitano acíbar
que arromancé.

La vuelta a casa en transporte público banaliza los incendios del alma.
Tus enmiendas duran lo
que un cigarrillo.
Mi hastío luce largores
alejandrinos.

Declaro por la presente:
nuestras reyertas
concomitantes son
octavas muertas.

Bailan un pasodoble a medianoche la compostura y el descalabro.
Gracias por los sonetos
que remendaste
con tu ausencia de esparto.
Todo un detalle

que seas un caballero
y me permitas
el placer de zanjarnos
por seguidillas.
Paula, en ascuas (no de inquietud, de ceniza).